miércoles, 18 de marzo de 2015

San Cristobal (1)

En el Diccionario de temas y símbolos artísticos de James Hall en la entrada A cuestas el primer ejemplo que pone es el de San Cristobal o Cristobal de Licia. (De aquí en más seguiremos el Diccionario de Hall, la Wiki y el libro Los santos y sus símbolos de B. des Graviers y T. Jacomet.)
Cristóbal de Licia, conocido como San Cristóbal mártir,  es un santo cristiano, sobre cuyo origen las distintas tradiciones cristianas están en desacuerdo.
La tradición católica —transmitida sobre todo en la Áurea legenda (aprox. 1282) del arzobispo dominico italiano Jacobo de la Vorágine— lo describe como un gigante cananeo, que tras su conversión al cristianismo ayudaba a los viajeros a atravesar un peligroso vadol levándolos sobre sus hombros. La leyenda afirma que en una ocasión, ayudó al niño Jesús a cruzar el río; sorprendido por el peso del infante, éste le explicó que se debía a que llevaba sobre su espalda los pecados del mundo, tras lo cual bautizó al gigante y le encomendó la prédica. Esta última escena fue representada innumerable veces en grabados, pinturas y esculturas. Pero la leyenda completa ( lo anterior y posterior a esta escena) es muy bella y vamos a tratar de contarla y de arrimar algunas ilustraciones propias a ella.
" Cristóbal era un gigante cananeo de doce codos (poco más de cinco metros) de estatura— nacido con el nombre de Ofero, que vivió durante la primera mitad del siglo III. Su enorme fortaleza física le había hecho orgulloso, y se había jurado servir únicamente a un amo más temible que él mismo. Entonces le ofreció primero sus servicios al rey Felipe de Licia . Este rey era malvado y despiadado, una persona que imponía su voluntad con puño de hierro."
Bocetos para Ofero y el rey:





 Sin embargo un día Ofero lo vio temblando de miedo y le preguntó cual era el motivo y el rey dijo que tenía su alma vendida a Satanás y que le temía al infernal ser. Entonces dijo Ofero: «Si le temes al Demonio, él es más poderoso que tú, habré de servirle a él»
Bocetos: El miedo del rey


Decidió el gigante ponerse al servicio de Satanás, y buscó a un brujo para que se lo presentara. El brujo accedió a cambio de algunos favores de Ofero y emprendieron la búsqueda a caballo. En el camino el brujo evadió una cruz de piedra temblando de miedo. Ofero le reclamó ese miedo a algo tan simple como una cruz. El brujo le dijo: «Temo a quien murió en la Cruz».
El gigante preguntó al hechicero si el tal demonio temía también a ese tal Jesús y el brujo le dijo que el diablo tiembla con la sola mención de la cruz donde murió Cristo. Entonces Ofero decidió servir a tan poderoso personaje que aún después de muerto hacía que el Príncipe de las Tinieblas temblara de miedo.
Hay versiones que dicen que ese hechicero era el demonio disfrazado. 
 En cuanto a Ofero, se dedicó a buscar a su nuevo amo, al que aunque no conocía ya había jurado ser su más bravo y sanguinario guerrero. Empezó a vagar y a preguntar a todas las personas cómo podría servir a Jesús, y nadie era capaz de contestarle, hasta que un ermitaño le dijo: «Aquí al lado hay un río donde suelen morir muchos de los que intentan atravesarlo. Tienes una estatura y fuerza descomunales; perfectamente podrás pasarlos de orilla a orilla sobre tus hombros. Ahí encontrarás a la persona que te dará la respuesta correcta» Y efectivamente, comenzó a pasar viajeros apoyado en una vara gruesa y resistente: Ofero se convirtió en porteador.
Antes había muy pocos puentes y era un problema atravesar los ríos, uno de los oficios de entonces era el de porteador: por una remuneración, hombres corpulentos pasaban a las personas de una orilla a otra de los ríos. Ese era el oficio de san Cristóbal, quien era tan buena persona que no negaba a nadie el servicio aunque no le pudiera pagar.
Boceto: el oficio de porteador