viernes, 10 de abril de 2009
¡Quisiera ser Martita!
Esto lo escuchaba mientras copiaba un cuadro, y siempre que copio un cuadro me viene un sentimiento doble de envidia (si es sana o no, eso es cuestión de salud), uno hacia el pintor al que copio, y otro hacia los músicos. Como la envidia generalizada o en abstracto mucho no va, yo termino personalizándola en mi hermano, que es músico, que es pianista. ¿Y que le envidio (aparte de la juventud, que eso se lo envidio a toditos todos los que son algo más chicos que yo)?
Los músicos, cuando quieren tocar por el solo placer de tocar, pero están con la inventiva baja, o la paciencia corta, o la confusión a pleno, pueden concurrir a las partituras clásicas y tienen un repertorio amplísimo donde encontrar un tema que les calce justo, y darle a las teclas, sin tener que componer siempre. El equivalente en la pintura es copiar un cuadro, donde tenemos un repertorio aun más amplio, que tenemos pintura desde la prehistoria, y el registro musical data apenas desde la edad media. Tomar el cuadro de otro, o más, su reproducción en libro, fascículo o lamina y ponerlo junto al bastidor equivale a poner una partitura sobre el atril. Y uno todo lo que tiene que hacer es ver lo que el pintor hizo y pintar. y pintar y pintar y pintar, y no pensar tanto, que eso ya lo hizo el autor de la obra.
El problema viene luego...un pianista puede mostrar, hacer escuchar, expresarse ante el publico tocando esas partituras. Y es consenso generalizado que las esta “interpretando”; es genuino que su carrera, su quehacer artístico, sea tocar lo que otro compuso. Nuestra Martita es un ejemplo cabal de ello.
El pintor no puede hacer una exposición mostrando “copias”. ¿Y por qué no? ¿Por qué la obra ya existe y en el caso de la música sino fuera por Arrau, Horowitz, Rubinstein, etc no sabríamos como es una sonata de Mozart? Tomemos alguien temporalmente más cercano: por ejemplo Stravinsky. Hay grabaciones de sus obras dirigidas por él y también, contemporáneas a su dirección o inclusive anteriores, estas mismas obras dirigidas por Montreaux o Ansermet. ¿Nadie puede tocar una obra de un compositor vivo, pongamos Liggetti, o Boulez, o más cercano a mí, mi hermano, porque sería copiarse?. En el caso de la música cualquiera de estas cosas nos parecen estupidas. No nos ofende sino hasta reclamamos de toda orquesta joven de tango que toque algo de Troilo, o Piazzolla, o un largo etc. Son convenciones. En el caso de la pintura, uno copia “solo” para estudiar...
En esa época, mientras pintaba el Van der Weyden pensaba esas cosas e imaginaba una muestra mía llamada así :¡quisiera ser Martita!, presentado esas obras como mías, como interpretaciones mías de obras de otros, donde yo estoy, porque cuando copio un cuadro encierro a la musa mecánica en otro cuarto, porque la imagen no me pertenece, pero las pinceladas con que están hechas sí, son mías, mías, mías...como decía Neurus, maestro!!!
En mi blog Maestros aparecen bajo la etiqueta “copias caseras” parte de lo hecho para esa posible muestra y en el post siguiente, la ultimísima, fresquita, que recien se acaba de secar.

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